La pasada semana el primer ministro británico David Cameron ha pasado unos días en Granada con su mujer. Al parecer ha sido un regalo de cumpleaños de él a ella. Ha sido sonado entre otras cosas debido a la naturalidad del viaje. Me explico. Por lo visto llego a la ciudad en un vuelo de bajo coste, se hospedo en un hotel de 3 estrellas y paseaba por la ciudad con total naturalidad. Qué diferencia, este señor viene en viaje privado en una línea de bajo coste en pleno debate sobre los eurodiputados que desean viajar en primera.
Hasta ahí todo normal. Lo curioso ha sido el enfado del alcalde de granada, quien ha recriminado a Cameron no haberle avisado para así aprovecharlo como tirón publicitario de la ciudad. Hay cosas que solo pasan en España y esa es una de ellas.
Este señor, el alcalde, pretendía convertir a granada en el espectáculo en el que se convirtió Marbella con la llegada en pasado verano de Michelle Obama y una de sus hijas. ¿Lo recuerdan? Llego a abrir informativos e incluso colocaron en la ciudad vallas para darles la bienvenida. Lo que viene siendo algo discreto, sencillo.
Afortunadamente no paso lo mismo en Granada, por mucho que le pese a su alcalde.
Huele a elecciones…
